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Gilberto Santa Rosa: “Trato de que mis canciones no tengan género para que se la pongan a la pareja que quieran”

El cantante portorriqueño llegó al Perú para promocionar su nuevo single, un tema dedicado al amor que nace de la amistad. En poco tiempo, el video de “Cartas sobre la mesa” superó el millón de visitas en YouTube y llamó la atención por una peculiaridad: habla del amor inclusivo, con parejas de todos los colores, edades y preferencias

 

“Tengo que confesarte algo que está pasando/ Desde algún tiempo estoy pretendiendo/ Que no pasa nada, pero está pasando/ Y no decirlo me está consumiendo”, comienza la letra de “Cartas sobre la mesa”, el más reciente single de . En el video aparecen escenas independientes con una pareja de señores mayores, otra de adultos afrolatinos y otra más de dos chicos veinteañeros. Parecen discutir, sentados a los lados de una mesa. Gilberto canta y las sensaciones van cambiando, hasta acercarlos, conforme progresa la letra. Es un  dedicado a los amores indecisos y a aquellos que surgen entre dos amigos, sin límite de edades, de razas o de orientación sexual.

A poco más de un mes de haber sido lanzado en YouTube, el tema superó el millón de vistas y los comentarios son abrumadoramente positivos, a pesar de que las ideas de inclusión aún generen inexplicable rechazo en algunos sectores. “Y vamo’ a ver qué va a pasar/ Somos adultos, no hace falta esperar/ Lo siento, pero ya no estoy conforme/ Vamo’ a estar claro’ y si se forma, que se forme”, dice la canción, y en las redes sociales ya empezó a pegar esta última frase, que Santa Rosa ha podido oír cantar en medio de la gira que lo está llevando a varias ciudades de la región: “Y si se forma, que se forme”. El lanzamiento del tema coincidió con sus presentaciones y pudo comprobar, in situ, que el público ya abrazó este nuevo tema como suyo. En Lima recién probará la pegada de su tema el 2 de julio, cuando se presente acompañado por Jerry Rivera.

“Cartas sobre la mesa” es un tema revolucionario en varios sentidos. Es una salsa inclusiva y diversa…

Bueno, este es un tema que yo ya tenía pendiente hace tiempo. Trabajé con su autor, un artista urbano que se llama Mucho Manolo. Lo conocí en Puerto Rico y me pareció un tipo súper amistoso. Me gustó mucho “Cartas sobre la mesa” y pensé que era algo que podía cantar, de un idioma actual, me sentía a gusto con el tema y pensé que podía ser una buena herramienta para hacer algo que he hecho la vida entera, que es mezclar la tradición con lo moderno y tratar de sacar un sonido novedoso para mi estilo. Después de trabajar la parte musical, mi única condición para el video es que fuera inclusivo. La música que hago, la hago porque siempre he sido muy romántico. Pero la mayoría de canciones trato de que no tengan género para que, el que quiera, se la ponga a la pareja que quiera. A mí, lo que me interesa, es que la canción le sirva para sus emociones. Yo utilicé el video para dejar las cartas sobre la mesa en ese aspecto. Y creo que la gente aceptó el mensaje.

Sabemos que la música no es solo importante por sí misma, sino por el contexto en el que aparece. ¿Qué tan importante es, en este momento, lanzar una canción como esta y ponerla en discusión?

Sin duda, la música siempre ha servido para unir a las personas. Hay un tipo de música que se hace con un objetivo específico, por ejemplo, la música de corte social, ya sea para criticar algo o estimular a la gente a algo. Yo prefiero de la otra manera. Esa manera es sentir música que tiene fuerza, energía y, en este momento, creo que la gente necesita eso. No solo por el hecho de divertirse o entretenerse, sino porque creo que la gente necesita poner sus energías en algo positivo. Negativo tenemos en cantidades, la foto está llena. Creo que la música ayuda. No soy el mesías, pero es mi aporte. Es bueno que pase, que salgan nuevas canciones. No critico a quienes hacen música social, pero en este caso yo sentí que era mejor seguir cantándole al amor. “Cartas sobre la mesa” cumple un propósito sin ser tan declarativa. Y no deja de ser música bailable, alegre. Es un granito de arena.

¿En algún momento tuvo un pequeño temor de que haya público que la rechace, que no le siente bien el video?

¿Sabes que no? En esta época, no. Quizás yo lo hubiera propuesto hace 10 o 20 años y a lo mejor un disquero me decía algo. Estamos viviendo otros tiempos, la gente es diferente, más receptiva, y hay una generación que no se impresiona con nada. Pueden ver una vaca volando y normal (risas). Es otro ritmo, es otra manera de empezar. Mi generación todavía tiene muchos tabúes, y no estoy exento de eso, Quizás yo también me hubiera preocupado hace 20 años. Bueno, es obvio que no hice un tema así entonces…

Es parte de la educación tradicional que muchos hemos recibido…

Definitivamente, y de la manera en que la sociedad se va moviendo, hasta que un buen día despiertes y veas que cambió todo. Hoy, que acabamos de celebrar el Día de la Mujer, deberíamos ver sus logros como algo cotidiano, que sea lo normal, lo natural. Todavía existe una disparidad salarial que es una cosa absurda. Si tú revisas la historia, las mujeres comenzaron a votar recién, como quien dice, el otro día y uno se pregunta ¿Cómo paso esto en nuestra sociedad? ¿Cómo dejaron que pasara esto? ¿Cómo dejaron que pasara Hitler? ¿Cómo dejaron que pasara el racismo? Entonces, uno piensa que necesitamos un mundo mejor que ese. Y con todo lo que está pasando ahora, con la pandemia y una guerra, deberíamos salir siendo mejores seres humanos.

Ahora, hay mucha gente que se resiste al cambio. En las discotecas y en las fiestas uno ve parejas heterosexuales bailando salsa, quizás hasta entre dos chicas y se ve normal, pero hay gente que se sorprendería mucho de ver a dos hombres hacerlo, por la naturaleza del baile…

Sí, todavía queda prejuicio para eso, cómo no, hemos adelantado mucho, pero falta aún. Los conservadores siempre van a estar molestos o incómodos o van a tener una razón por la cual eso no debe pasar. Y los liberales van a decir ‘Bueno, eso es lo que tiene que pasar’. Pero creo que la sociedad está madurando mucho en ese aspecto. A pesar de los retrógrados o los bárbaros, hemos avanzado bastante. Y cuando ves que hay cosas que han mejorado, todavía te queda fe en la humanidad. Pero luego ves a un tipo como Putin y te quita toda la fe. La música es de las cosas que te dan mucha fe, ganas de seguir viviendo.

Su nuevo video ha conseguido más de un millón de visitas en YouTube, ¿Esperaba este éxito, considerando que lo inclusivo, lamentablemente, aún puede molestar a algunos?

Bueno, yo no soy tecnológico, mis hijos me ayudan con eso y me cuentan y he podido también ver algunos comentarios en la computadora. Pero tuve la suerte de lanzar el tema con una gira haciéndose y toqué la canción en vivo y siempre la reacción fue buena, escuché a la gente cantando, que esa es la manera en que yo sé medir, en la respuesta inmediata del público. Pero ha sido muy positivo todo. La manera en que la gente ha recibido el mensaje y lo difunde. Sabemos que las redes sociales siempre tienen gente que las utiliza como un instrumento para hacerle daño a aquello con lo que no están de acuerdo, pero no ha sido el caso, y los famosos haters conmigo pierden el tiempo (risas). En realidad, ha sido una experiencia muy bonita y siento algo muy positivo con este lanzamiento.

Cuando uno piensa en salsa parece un género fundamentalmente de hombres. Si pensamos en nombres femeninos, vienen a la mente La Lupe, Celia Cruz o La India, pero no muchos más nombres en ese nivel. Justo acabamos de conmemorar el Día de la Mujer ¿Cree que la salsa es un género eminentemente machista? ¿Por qué?

Sí, creo que la salsa ha sido machista, hasta ahora lo es. ¿Por qué?, es una de esas preguntas que no te puedo contestar. Aunque sí puedo decir que la música popular siempre ha sido un reflejo de la sociedad. De todos modos, se ha ido rompiendo un poco esa barrera. La propia Celia contaba que, cuando entró a la Sonora Matancera, en los años 50, había el estigma de que las mujeres no vendían discos. Ya estaba Graciela, que fue pionera, con Machito, y Mirtha Silva, que cantaba con la Sonora y había otras cantantes, no era que no habían. Pero sí se mantenía el estigma de que las cantantes femeninas no vendían discos. Rogelio Martínez, director de la Sonora, le dijo al de la disquera: “Como usted no tiene fe y yo sí, yo la voy a grabar y, si no vende el disco, yo le pago, no se preocupe”. Y de ahí la historia ya es legendaria. A eso debemos añadirle de que en los conjuntos y demás sí hubo machismo. Nadie pensaba, por ejemplo, que una mujer iba a poder tocar la tumbadora con la misma fortaleza que un hombre. Ahora sí hay mujeres que tocan ese instrumento. También es posible que algunas mujeres se dejaran intimidar un poco por los comentarios, el mismo ambiente, y por figuras como Celia o La Lupe que dejaron la valla tan alta que otras pensaban que no iban a llegar hasta allí. Y así, el género se mantuvo siendo machista. Pero hoy en día hay un fenómeno muy simpático en el Perú, porque las figuras cimeras de la salsa, las que generan más éxito, son mujeres: Daniela Darcourt, Yahaira Plasencia, Paula Arias de Son Tentación, Gaby Zambrano, y todas cantando muy bien.

¿En qué consistirá “Debut y segunda tanda”, el álbum que prepara para este año? ¿Podremos encontrar más temas como “Cartas sobre la mesa?

Sí, sale en mayo. Hay algo parecido en términos de la propuesta. Es una propuesta interesante, porque son canciones nuevas y canciones como esta, que son versiones. Inéditas y versiones. Por eso el nombre, “Debut y Segunda tanda”. Van a encontrar canciones con muchos matices modernos y arriesgados.

Esta pregunta ya se la deben haber hecho, pero parece necesaria ante los nuevos escenarios musicales: ¿Es posible decir en qué momento se encuentra la salsa? A veces parece que los géneros urbanos monopolizan los sonidos de la radio, las fiestas o la propia ciudad.

Siempre ha habido en la música popular un género que reina por épocas. En los 60 hasta principios del 2000 la salsa tuvo un momento importante de protagonismo. Hoy día, la salsa tiene un radio de acción mayor al que tenía cuando iba arriba. Hoy hay salseros en Finlandia o en Islandia, cosa que en los 60 o 70 no pasaba. Ya no tenemos protagonismo en los medios, ni en la programación de música, por eso creo que la salsa es un género sobreviviente, ha sido un género que, a pesar de las irrupciones de los demás géneros y los cambios, todavía está ahí. El mayor reto de esta generación de artistas y de la que viene es ver cómo ellos podrán capturar su propia generación. El último artista, en mi opinión, no como experto, que capturó su generación, fue Víctor Manuel. Y ahí vino el desfase. ¿Qué paso? Que esa próxima generación no pudo capturar su generación y esa generación se fue a lo urbano. No por desplazamiento, sino porque le tocaba.

Y esta aparente ruptura también ocasiona situaciones como la de J Balvin y Rubén Blades, quien fue defendido, incluso con una canción, por Residente. ¿Qué sensaciones le dejan estas divergencias entre músicos de reguetón y salseros del tamaño de Blades? Considerando que un día un reguetonero podría también desmerecerlo a usted…

Yo, en realidad, soy un blanco fácil (risas). Yo odio las controversias, entonces yo no me meto en eso. Las controversias también han existido toda la vida. Quizás los muchachos, quizás, han logrado disfrutarlas un poco más. Porque no hay duda de que eso llama mucho la atención y hay millones de viudas viendo qué le dijo uno al otro, tú sabes cómo funciona. Pero ojalá que, con el tiempo, puedan subsanar sus diferencias, en el caso de Balvin y René, Balvin y Rubén y también en el de Rubén y Willie Colón, que tienen sus propios issues. A los salseros del mundo les gustaría verlos una vez más haciendo la música que marcó una época muy importante e hizo historia.

Este año cumple 60, una cifra que suele involucrar reflexiones o inicios de nuevas etapas. ¿Cómo siente la llegada de esta edad?

Bueno, es la primera vez que pienso en edad. Yo les decía a mis amigos que a mí a los 30 o 40 o 50 pasaron y qué bueno. Pero digo: ¡Ahorita voy a tener 60 años! Suena como serio, suena pesado. Eso, por un lado. Por otro lado, me siento tan bien y tan en control que me están empezando a gustar los 60 (risas). Mi amigo Tony Vega, algo mayor que yo, tendrá 64, me llamó para felicitarme cuando yo cumplí 58 años. Y como somos amigos de hace muchísimos años y nos hacemos muchísimas bromas, le dije “Tony, aquí voy, detrás de ti, llegando al sexto piso”. Y él me dice: “Déjame decirte que las habitaciones del sexto piso son más incómodas que las del quinto” (risas). Así que estoy preparado ya para eso, gozando de mi madurez, porque todavía tengo carrera y tengo voz para hacer lo que me gusta hacer.

¿Qué es lo que más orgulloso lo hace sentir de su carrera artística?

Haber hecho una carrera a base de música, nunca de un escándalo, de un asunto personal o de las otras cosas que trae el oficio. Yo no critico a nadie, el que quiere hacer eso, allá. Pero me enorgullece que yo hice una carrera limpia y que el día de hoy no tengo que bajar la cabeza por nada.

Y como ser humano, ¿Qué es de lo que se siente más orgulloso?

Pues de haber mantenido la unidad familiar en mi vida personal. Yo estoy casado en segundas nupcias, mis 4 hijos son de mi primer matrimonio. Y siempre una ruptura te preocupa. Yo vengo de una familia sólida, mi mamá y mi papá estuvieron juntos la vida entera. Sentí un poco de culpa de no darle a mis hijos lo que me dieron a mí. Pero gracias a Dios pude desarrollar con ellos una relación muy buena, de mucho respeto y de cercanía todo el tiempo. De hecho, 3 de ellos trabajan conmigo. Eso me da orgullo. Saber que pude mantener mi familia junta a pesar de que no vivíamos en la misma casa. Yo los quiero mucho. Ahora, con respecto a la música, a mis hijos no les gusta que yo haga esta broma, pero te la voy a decir: los cuatro hijos míos cantan… muy mal. (risas)

Willie Rosario, Tommy Olivencia, Rafael Ithier, Simón Díaz, Johnny Pacheco, Celia Cruz o Cheo Feliciano son algunos de los grandes nombres con quienes ha tenido oportunidad de compartir. ¿Con quién o con qué momento se queda?

Con todos, con todos. Yo trabajé y conocí a casi todos mis ídolos menos a dos: Frank Sinatra y Tito Rodríguez. Trabajé, toque con ellos, alguno fue o es mi amigo y eso es una bendición. Tu mencionas un nombre importante y yo, por lo menos alguna vez, tuve alguna experiencia con él. Pacheco y yo nos hicimos muy amigos después de un comentario que hizo sobre mí. En los conciertos de salsa en NY o en los bailes en Puerto Rico alterné con él, con Celia, Rubén o Willie. Era una dinámica totalmente diferente. En mi entrada en el mundo profesional, como cualquier joven nuevo, grababa un corito por aquí, trabajaba en una grabación por allá. Así conocí a Ismael Rivera, Héctor Lavoe, Pete ‘Conde’ Rodríguez, Adalberto Santiago, Ismael Miranda, Andy Montañez. Con Marco Antonio Muñiz tenemos una relación particular, aunque no es del mundo de la salsa. Lo considero un ídolo. A Lucho Gatica tuve la suerte y el honor de conocerlo en un aeropuerto, un día en el que él me cantaba y se escondía. Tito Puente me hacía maldades con las canciones, me las cambiaba (risas). Cuando fui al Carnegie Hall, el 23 de marzo del 95, Celia y Tito se enteraron de que yo estaba allí y llegaron. Imagínate tú, qué honor. Con Simón Díaz, el Tío Simón, me fue a buscar a mi hotel en una visita que hice a Caracas para invitarme a grabar en una producción y avisarme que me iría a ver. Cuando fue, lo invité a cantar conmigo. Y subió Imagínate tú. También conocí en un hotel, de casualidad, a la Orquesta Aragón. El bolerista Fernando Álvarez, admiradísimo por todos, me vio en un concierto suyo y, ante mi sorpresa, me saludó y me invitó a cantar con él. Yo no lo podía creer. También me pasó con Eva Ayllón. Tuve la dicha de conocerla, soy fanático de su voz y su carrera. La conocí en Puerto Rico y luego trabajamos juntos aquí. En el 88, acompañé a Celia Cruz con su orquesta, pero no quise volverlo a hacer porque quería hacer mi propia carrera solista. Cuando me ofrecieron volver a trabajar con ella, me negué. 15 años después, en el último homenaje que tuvo en vida, al final del concierto, Celia se acercó con un fotógrafo para hacerse fotos, uno por uno, con los que habíamos participado. Cuando me tocó, le dijo al fotógrafo, riéndose: “Él trabajo conmigo en 1988, pero después ya no quiso”. Así que miro lo que hice y digo: la pasé bien. No me ha ido nada mal. Me divertí, hice música, pude conocer a Maelo. Así que dime tu si yo no soy un tipo afortunado (risas).

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